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Once sin 9, no es once.

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Al América le pesa no tener centro delantero. Le pesa en su sistema, en su desarrollo de juego, en su estilo, y en sus aspiraciones de cara al futuro.

Qué tal, te saludo con mucho gusto. A partir de este lunes, cada semana pondré a tu disposición una editorial en la que hablaremos del desempeño del Club en la jornada, o de algún pulso específico que envuelva al Club más pasional e inmenso del país: el América.

Lamentablemente, tocó abrir con malas noticias: el equipo no tiene un 9 prometedor. Y es que está Oribe, y siempre que puede, Peralta está; sin embargo, las piernas, la edad, el físico lo van a llevar poco a poco, y cada vez más profundo a un estado en el que no pueda ser la solución, y se convierta en una especie de corazón valiente, que nos saque los partidos con más heroísmo que con futbol.

No me mal entiendas. Bienvenido es Oribe Peralta en ese rol, porque como él, muy pocos futbolistas son tan entregados y efectivos. No en vano ya suma tres trofeos en Coapa y se acerca a las listas de goleadores más emblemáticos de la institución más ganadora del país.

¿Pero qué hay del otro? No existe. Silvio Romero no existe. Es un fantasma. Un tipo con mala suerte, mal físico, mala disposición al sacrificio y mala puntería. Insisto, no existe.

Soy un convencido de que América tiene argumentos para competir, ser protagonista, y tomar el título que su archirrival posee. Pero el futuro no sonríe, pues la falta de un atacante de peso es vital en un equipo que juega para atacar, y disfruta siendo el mandón en cada juego.

Silvio presenta números escalofriantes. En los últimos 1,484 minutos suma dos goles, un promedio de una anotación, cada 742 minutos. Ocho partidos pasan para que Romero haga un gol. Penoso, brutal, dramático.

Lo peor de todo es que atrás de Romero vienen dos jóvenes que no entusiasman.

Ruidíaz, Castillo, Enner, Gignac, Méndez, Funes, Dórlan, Bou, y puedo seguir la lista sin ningún problema de grandísimos atacantes que podrían asumir el rol de 9 de Coapa. No hay comparación entre nuestro Romero y alguno de estos generadores de juego. Ya ni qué decir de figuras del pasado, como Cabañas, Chucho, Kleber y hasta el mismo infravalorado Luis Gabriel Rey.

Miguel Herrera y la directiva aferrada han decidido salir a la guerra sin lanza. No hay un 9 de confianza, Oribe se agota y el futuro en Díaz y Marín es todo menos estimulante.

Jugamos con un once sin ‘9’, que Oribe nos ampare por mucho tiempo más, porque desde hoy, hasta enero 2018, la prioridad debe ser un atacante, y claro, enseñarle la puerta de atrás al Chino…

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